Me he quedado pensando en este sueño en el que vivo, o que me vive y que parece a veces tan real. Mirando hacia atrás recuerdo el beso que no dí y a punto estuve de no dar.
Hoy sé que a veces para vivir hay que arriesgarse a la ilusión de poder perderlo todo. Ese riesgo que encierra el miedo al juicio, el miedo al rechazo, el miedo al abandono y, por encima de todos los miedos: el miedo a la libertad.
Sé que cada beso, cada caricia, cada ternura, abrazo, cada espresión nacida de mi luz u oscuridad que no doy, es un juicio contra mí misma. Mi propio rechazo, mi abandono mío. Sé que soy yo la única responsable de mi vida. Que nadie me abandona sin haberme abandonado yo antes. Que la felicidad que tanto busco está en mí y no en el otro.
Es como lanzarse al vacío. Sentir que no hay nada ni nadie a quien agarrarse. La certeza de que solo existo yo.
En un beso guardo el compromiso de vivirme...
No hay comentarios:
Publicar un comentario