Mientras las palabras se acumulaban en mi cabeza yo lloraba. Nadie sabía porque, excepto tú. Siempre has tenido la certeza de saber lo que me pasaba en cada momento, algunas veces esto me gusta, otras me lleva al desespero.
Me conoces mejor que la palma de tu mano, e incluso que a ti misma. Tenemos un vínculo especial, pues yo salí de tus entrañas, en cambio, no soy tan buena en deducir tus sentimientos en cada momento.
Era un mar de lágrimas, no había nada que me consolara. Bueno si, solo una cosa, que tu ya sabías, por su puesto.
-Se ha ido, verdad?
-Si mamá, y sin despedirse.
Siempre me habías dicho que el primer amor es fabuloso, imposible de olvidar. Pues todo eso que me habías comentado, y que por lo tanto yo me creí, se fue desmoronando hasta quedar en cenizas como una hoja quemada.
Parecía el fin del mundo, pero no lo era. Nada de eso. Era la puerta para empezar un nuevo destino y el camino hacia mi madurez.
Madurez que alcanzaría pocos años después. A pesar de mi crecimiento sigo sintiendo como la primera vez. No hay nadie que lo pueda impedir. Las cosas pasan porque tiene que pasar, no porque nosotros mismos nos las pongamos en nuestro camino.
Dale tiempo al tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario