Llevo varios días rara, así que hoy me apetecía escribir algo. No sabía muy bien el qué, así que puse la música a tope y me dejé llevar. Es difícil que las palabras broten de la nada, si no se sabe con anterioridad de lo que se quiere hablar. Por lo tanto opté por contar, así, por encima, como me sentía.
A veces, creemos que la solución a los problemas es llorar. Pero lo cierto es, que esto es lo último que deberíamos hacer, pero claro, nadie lo cumple. Pensamos que gracias a las lágrimas desconsoladas que brotan de los ojos, nos van a solucionar los conflictos interiores o exteriores que nos invaden. Lo que si es verdad es que si lloras te liberas de una enorme carga, sin saber bien cual, pero la echas fuera. Yo he optado, que en vez de lamentarme sentada en mi cuarto mirando a un punto fijo mientras me ahogo en lágrimas, poner la música a tope y cantar... cantar hasta que la garganta no pueda más, y la voz se vaya desvaneciendo poco a poco.
Todos tenemos problemas, unos más graves, otros más leves, otros pasajeros... Da igual la categoría de nuestros conflictos, el caso es que los tenemos, y los debemos erradicar.
Realmente todas las personas somos frágiles. Muchos tienen una carcasa de hierro inoxidable imposible de atravesar, o casi. Otros tienen una capa de cristal demasiado frágil, que son tan delicados que cualquier problema es la hecatombe para ellos. Hay quienes tienen una superficie de paja, soplas y se derrumban. Y por último quedan los que son como yo. A veces fuerte, otras veces demasiado débiles, pero siempre, siempre dispuestos a superarse.
Se pueden tener días de bajón, somos humanos, y los solemos tener todos... Las 24 horas no pueden ser felicidad y risas. Pensamos que no saldremos del pozo en el que decimos estar hundidos, pero no es cierto. Tarde o temprano saldremos a flote. Y todo gracias a esas personas que están a tu lado sin que tu te percates. Esas mismas que te hacen reír cuando no puedes más, o las que lloran contigo cuando estás triste. Tenemos muchas personas a nuestro al rededor que nos quieren y harían lo que fuera por nosotros. También es cierto que a veces, solo a veces, nos encontramos solos en medio de tanto jaleo, de tantas personas...
Los ánimos decaen, y no tienes ganas de nada. El mejor plan que puedes ahora hacer es quedarte en casa, acurrucada en el sillón viendo la tele o leyendo un libro.
Dicen que después de la tormenta viene la calma. Yo la espero aquí, sola en mi cuarto. Con mi canción favorita a todo volumen mientras canto hasta que se me acabe la voz.
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