Anoche, paseando por la cuidad, me cogiste de la mano. Lo confesaste todo, por fin.
-Te quiero, y te he querido siempre, pero tenía miedo a decírtelo- me dijiste. Mi corazón palpitaba cada vez más, y sentía como me faltaba la respiración. Mi sonrisa era imborrable de mi cara, estaba gravada a fuego en mi rostro. Te temblaba la mano, y la voz ni te cuento.
Nos quedamos en silencio durante unos minutos.
Ni tú ni yo sabíamos que decir, como reaccionar...
Al fin me preguntaste:
-¿y tú que sientes?
-¿que qué siento? felicidad, verdadera felicidad y amor, mucho amor.
Te acercaste poco a poco.
De repente mi cuerpo se enfrió, tu cara se iba desvaneciendo... No distinguía tus ojos verdes, tus labios.
Son las 7:00am. Ya es hora de levantarse.
Tú ya no estás, no existes.
Tú solo eras un sueño.
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